Acerca del futuro del libro, el librero y la librería, electrónicos: qué manía con ver las cosas desaparecer nos ha entrado a todos últimamente, claro que desde la aparición del mp3 y del iPod (qué fue antes, ¿el huevo o la gallina?) parece confirmado que hay un único camino evolutivo y es el del más fuerte, no hay hipótesis creacionista que valga en este aspecto. Mientras la mayoría se dedica a discutir cual será el futuro del libro electrónico a mi me preocupa más averiguar cual será el del librero, electrónico por supuesto.
El caso es que últimamente no me gusta lo que estoy leyendo y no me gustaría que sucediera como ya pasó con mi tienda de discos favorita. Hace muchos años, y aunque pueda parecer mentira, tomaba el metro o el autobús cargado con mi walkman y más tarde con mi discman para ir a charlar, comparar y encontrar música a una tienda de discos donde trabajaban dos chavales algo mayores que yo, pero no mucho.
En ocasiones era como un pequeño centro de reunión donde podías expresar tus gustos y debatir con otros los suyos, siempre asesorados por los dependientes que eran muchísimo más sabios que el resto de los mortales gracias a que trabajaban 10 horas al día rodeados de lo que más les gustaba, la música, y eso no tenía precio. De aquella época conservo dos, quizá tres grupos musicales que me gustaban realmente ya que estaba en plena formación de mi gusto musical, era como una esponja y me gustaba probar de todo, desde el thrash metal hasta el funky, cosas de la edad pero reconozco que aún me sigue gustando escuchar de todo.
Con el tiempo cerraron la tienda y me quedé un poco huérfano teniendo que acudir a esas franquicias impersonales que comerciaban (¿lo seguirán haciendo?) con lo que escucha cada uno pero ya no era lo mismo, por suerte yo tampoco y ya tenía una idea bastante más clara de lo que me gustaba y lo que no porque si no estaría perdido en un océano de cientos, miles de artistas, discos y canciones. Hoy lo que queda son las listas de éxitos que no son más que una recopilación de lo que más vende y del que más paga, básicamente, y que por tanto venderán aún más.
No quiero que pase igual con mi librería favorita, pero pasará. El libro electrónico ya está aquí y ha llegado para quedarse pese a quien pese, pero el valor añadido de contar con la experiencia de alguien que sabe más que tú, y que conste que no es delito reconocerlo, no tiene precio. ¿Por qué habrían de desaparecer libro, librero y librería?
Hay que hacer un par de distinciones apenas sin importancia antes: plataforma y contenido, editoriales y libreros, hard y soft, churras y merinas.
Los intereses económicos de las editoriales chocan directamente con los intereses culturales de los lectores, pero eso es la historia de siempre, a la que la llegada de un aparato electrónico ha añadido más sal y pimienta, sobre todo pimienta, que puede desembocar en la pérdida irreparable de la figura del librero como mentor ante un lector inexperto, no tanto ante un indeciso o la compra casual de un regalo navideño, para eso las listas siempre han estado ahí. Alguien tiene que eliminar la paja y filtrar los buenos libros para que los novatos puedan empezar con buen pie y no fracasar en el intento al toparse con un superventas de buenas a primeras. Que conste que he obviado directamente a los creadores por ser responsables directos de llenar las arcas de unos y las cabezas de otros.
Me pregunto qué habría pasado si mi querida antigua tienda de discos se hubiera reconvertido en uno de esos por aquel entonces primitivos foros de internet y sus dependientes en los administradores, con una parte donde poder comprar aunque fuera por correo, por supuesto. Hoy en día podría ser incluso una mísera página de Facebook por lo que me pregunto, ¿qué impide a los libreros apoyarse en las nuevas tecnologías? Antes de verse abocados a una inexorable y no-tan-lenta desaparición cualquier intento sería bueno.
Renovarse o morir, aunque los editores se preocupen más de cómo sacar provecho de esta nueva situación y los lectores de cómo llenar sus dispositivos por mucho menos dinero… a todo esto, ¿qué opinarán los autores?