El panel de control de la Antares: una nave tan grande como en la que viajan los protagonistas de la serie de televisión Defying Gravity no requiere más que del control de dos personas, el comandante y un piloto se bastan y se sobran para mantener todo en su sitio, lo cual es más realista de lo que cabría esperar. Hoy en día los más modernos aviones comerciales podrían despegar, volar y aterrizar en destino sin la intervención humana de piloto o copiloto, serían meros controladores tal y como ocurre con el convoy de metro al que subes todos los días.
En este caso, y dada la extrema complejidad del transporte, su misión y la duración de la misma, se habrían minimizado al máximo los parámetros que se podrían ajustar en vuelo por parte de la tripulación de forma que se redujera la posibilidad de un siempre posible error humano al mínimo, todo lo demás sería automático o manejado por parte de la base de control terrestre, salvando las distancias, estando la mayor parte del plan de vuelo calculado previamente y monitorizado por ordenadores.
Un detalle curioso son los controles en sí mismos. En esta misma imagen podemos comprobar como hay desde testigos luminosos pasando por pantallas planas TFT hasta un panel central de metacrilato en el que se proyectan, mediante una tecnología aún por definir, las distintas variables a tener en cuenta. En otras ocasiones vemos a los astronautas manejar tablet PC’s, otros dispositivos de menor tamaño de metacrilato transparente y pantallas sensibles al tacto de altísima precisión, tanta como para leer una huella digital. Quizá no haya quedado tan sólido como podrían desear los puristas de la ciencia ficción pero yo opino justo lo contrario, se acerca mucho a lo que se daría en la realidad.
Volviendo al tema de la aviación civil, y pese a lo que se puede ver en algunos simuladores, la interfaz principal del comandante con el aparato suele ser un pequeño monitor de fósforo verde mientras que otros parámetros se muestran ya en pantallas LCD en color algo más elaboradas, contándose por decenas los testigos luminosos y alarmas audibles a los que prestar atención por lo que el simil que han trasladado a la serie no me parece desacertado sino más bien algo lógico y que cabría esperar dado que el 2052, año en el que se desarrolla la acción principal, no está demasiado lejos…