Acerca de nuestros derechos en internet: no soy un experto en leyes ni conozco todos los detalles que pueden haber impulsado la modificación de un anteproyecto de ley por parte del Ministerio de Cultura español para adaptarlo a las necesidades de un pequeño grupo de contribuyentes, pero lo que si tengo clara es mi postura. Hay dos grandes aspectos bien diferenciados en el caso y son el enriquecimiento de terceros mediante el uso no licenciado del trabajo de los artistas y los derechos de los ciudadanos en la red de redes.
Con respecto al primero, y siempre desde mi punto de vista, la apropiación de contenidos por los que se obtenga beneficio económico debe ser considerado delito como tal siempre en su justa medida, ya que sería una forma más de robo o hurto y aquí entran en juego los derechos de autor para proteger las obras creadas por los mismos. Con respecto al segundo estos derechos de autor nunca deben estar por encima de los derechos fundamentales del resto de ciudadanos.
Con la publicación del manifiesto no pretendo defender la idea del “todo gratis” en la red, ni mucho menos, pero si el derecho a una internet libre y sin interferencias políticas donde se apueste por la investigación y el desarrollo, incluso en modelos de negocio que impulsen las ventas de música, libros o cine o cualquier otro contenido generado por un usuario de la misma esté o no adscrito a un organismo que gestione sus derechos.
Ahora bien, me preocupa que los sistemas de información más tradicionales como algunos medios impresos estén tergiversando la información especulando con la intención de los internautas españoles, último bastión del intercambio de archivos mediante tecnologías P2P, y el desgaste de la caduca industria discográfica y cinematográfica pese a que, una vez más, han vendido como nunca. Aparte de ideologías y partidos políticos oportunistas en los que la oposición más inteligente se centra en la idea del “tonto tú, no tú más”, el hecho de que publiquen semejantes editoriales parece más fruto del desconocimiento que de la maldad. No es más que una pataleta por no querer o no saber adaptarse al nuevo medio y a la velocidad adecuada, mientras sienten que se les agolpan unas tareas para las cuales no están preparados y que no quieren ver ni de lejos como si fueran a desaparecer lo cual, para su desgracia, no sucederá.
En nuestra mano está cambiar la historia no escrita del país para reclamar una legislación justa y digna para que no entorpezca el desarrollo del mismo.